El trompicón de Cáncer





 
Se hacía llamar Excelentísimo Cáncer y era el gobernador más artero de Puerto Pesquero; llevaba los asuntos de Estado sus asuntos con pinza de acero; en cuanto a «los de abajo» a los que llamaba quejillones eran unos bivalvos ejemplares: al tiempo que respetaban la Ley, lograban colmar la perversidad de su gobernante que, dadivoso, otorgaba plena motivación a sus quejas.
Durante su mocedad, Cáncer no tuvo reparos en mostrarse como lo que era: un crustáceo irascible y protestón, malcriado y gritón, invasor y abusón que jamás permitía que nadie le tocara la pinza; en resumen, lo que se dice un mal bicho. Los forasteros, confiados ante su apariencia de pelele, eran blanco seguro de sus tropelías: tanto si le rebanaba las antenas a una langosta migratoria como si se le antojaba maniatar a un calamar, el malandrín se las ingeniaba para no acabar condenado a ser pasto de gaviotas.

En el estado actual de «absoluta democracia reinante», la Batea IV marchaba viento en popa, mas, como todo final es indefectible seguidor de cualquier principio, Cáncer por fin topó con su antagonista: una tal Pejillona, justa y sediciosa, bivalvista y socarrona, herbívora y peleona que, náuseas aparte, atenazó la pinza del cangrejín entre sus valvas y lo catapultó hasta un calamar rencoroso que de mil amores se lo zampó.
Así termina esta verifábula que de seguro os sonará, porque más que el ajo o la cebolla lo que se repite en la Historia son estas querellas, refriegas y monsergas. No obstante, queridos lectores, dejad que zapatee la esperanza sobre el tablao de la vida, pues, mejor es que corra el vino por el gañote que dejarlo pudrir el odre.
Moraleja: A criminales y justicieros los hermana la pasión que corre por sus venas, y por sus manos.

Comentarios

  1. Se me antoja una metáfora de la corrupción política, del abuso de poder y de lo que yo vengo a llamar "dictadura encubierta". Como bien dices en tu fábula, ningún reinado dura para siempre. Lo que asusta es que lo que venga detrás, cuando caigan las máscaras, sea el pensamiento único.

    Un abrazo.

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    1. Esa es la idea que pulula siempre en las altas esferas. George Orwell en su novela "Rebelión en la granja" lo refleja con claridad. En cualquier caso, es necesario seguir intentándolo, aunque solo sea por no dejar escapar la esperanza.

      Un abrazo.

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