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«Calma blanca», de Juan José Planelles Arráez

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Esta fue su primogénita, y como casi todas las primeras, contiene una potente dosis de la idiosincrasia y la experiencia de su autor, máxime porque, partiendo del puerto de la adolescencia, surcó las aguas de la madurez hasta su destino.
Calma blanca es una historia vital ambientada en uno de los lugares más románticos del mundo: la mar. Dos amigos, un amor, un desengaño, lealtad, honor, valentía... Todo ello narrado con un toque de poesía que nos recuerda que, a pesar de los golpes, la vida puede ser hermosa si somos capaces de ver lo que late en las profundidades de nuestro ser.
Si quereréis conocer algo más de su autor, podéis visitar su blog Cuaderno de bitácora.
Y si os apetece ver el booktrailer que preparé para la ocasión, pinchad aquí.






Sudoku

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Se afanaba por encajar las cifras con tanto esmero que la lengua se le enroscaba sobre el labio superior en rotunda concentración. Aulló la sirena y doña Catalina reclamó los controles de «mates»; Manolín entregó el suyo a regañadientes.
Se afanaba por encajar las cifras con tanto esmero que la lengua se le enroscaba sobre el labio superior en rotunda concentración. El encargado de cuadrar cajas nunca supo qué fue lo que le delató.
Se afanaba por encajar las cifras con tanto esmero que la lengua se le enroscaba sobre el labio superior en rotunda concentración. La noticia del derrumbe del puente ha sacado a relucir una mafia de compraventa de sobresalientes en la facultad de arquitectura.


Feliz comienzo de curso.

Sin red

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La soledad le impulsaba a levantar el pulgar a los viandantes con la esperanza, no, el anhelo de que le devolvieran aquel gesto fálico; tras once horas de desconexión, publicó en la orilla del océano suestado final: «anónimo».


El trompicón de Cáncer

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Se hacía llamar Excelentísimo Cáncer y era el gobernador más artero de Puerto Pesquero; llevaba los asuntos de Estado ―sus asuntos― con pinza de acero; en cuanto a «los de abajo»―a los que llamaba quejillones eran unos bivalvos ejemplares: al tiempo que respetaban la Ley, lograban colmar la perversidad de su gobernante que, dadivoso, otorgaba plena motivación a sus quejas. Durante su mocedad, Cáncer no tuvo reparos en mostrarse como lo que era: un crustáceo irascible y protestón, malcriado y gritón, invasor y abusón que jamás permitía que nadie le tocara la pinza; en resumen, lo que se dice un mal bicho. Los forasteros, confiados ante su apariencia de pelele, eran blanco seguro de sus tropelías: tanto si le rebanaba las antenas a una langosta migratoria como si se le antojaba maniatar a un calamar, el malandrín se las ingeniaba para no acabar condenado a ser pasto de gaviotas.
En el estado actual de «absoluta democracia reinante», la Batea IV marchaba viento en popa, mas, como todo fin…

«FORTUNA DE MAR», de Juan José Planelles Arráez

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Una novela dirigida a quienes saben vivir los relatos de aventuras; a quienes les fascina la Historia; a quienes, simplemente, aman leer.

Si queréis conocer las primeras impresiones de sus lectores, podéis pinchar aquí

También podéis visitar el blog Cuaderno de bitácora para leer la sinopsis que el propio autor nos ofrece.

En lo que a mí respecta, sólo puedo decir que es una novela atrevida y cautivadora desde el primer capítulo.
La prosa certera, la idiosincrasia de los personajes, el ambiente palpable, los hechos históricos que acunan la ficción crean en el lector la necesidad de leer siempre una página más hasta atracar, por fin, en el últino capítulo.



Aquí os dejo mi pequeña aportación al proyecto. Las fotografías son del escritor, tomadas desde su privilegiado "despacho":





La sicaria

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La echaba de menos como sólo se puede echar de menos a un fantasma: en silencioso recogimiento. Vuelvo al acantilado cada aniversario, allí donde las rocas testimoniaron nuestra despedida, para rememorar tu voz bañada en lágrimas de súplica. Cariño, fuiste el mejor encargo de mi vida.

Planificación familiar

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ecesita parir un heredero legítimo, por eso le exige al otro que entre y salga por  la trasera.

La fruta prohibida

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La primera vez que Adán se refirió a Eva como «mi adorada costillita», esta supo que debía huir como alma que lleva el diablo.










Promesas, promesas

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«¡Estudia...! Vas a acabar limpiando escaleras»; ésta fue siempre la exhortación preferida de mi abuela. Mientras fregona en ristre desalojo la mugre que prolifera entre huella y tabica, me congratulo por mi licenciatura y por que la admonición de la arpía no fuese «¡Estudia, niña, o acabarás de puta!».




Las tres revelaciones

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La reciente directiva del hospital no ha tardado en desvelar su auténtica naturaleza: el coro de aullidos que persigue la emergencia de las ambulancias es inequívoco; por eso, siempre que ejecutan un nuevo recorte de gastos, los del SAMU conectamos todas las sirenas.
El aullido de las sirenas policíacas desató su lado más animal. Creo que a mi amante le gustará el arnés y el juguetito de cuero que le he comprado.
Los aullidos nocturnos precipitaron mi decisión. He dejado el apartamento que ocupaba sobre el tanatorio y he alquilado un habitáculo en el cementerio. Por fin puedo cortejar a la luna en solitario.

La tortuga mensajera

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Les traigo otra fábula interactiva para niñas, niños y quelonios de entre nueve y cien años. En esta ocasión, he querido aprovechar al máximo la excelente herramienta «Glosario» que incluye iBooks Author para que la lectura no sólo enriquezca en valores, sino que también amplíe el vocabulario y fomente el interés por la biodiversidad. Espero que la disfruten… Sin demasiados sobresaltos.

Descarga en:
La tortuga mensajera by Esther Planelles Arráez on iBooks


Declaración de guerra

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leitean contra sus mentores por haberles educado para vivir en una sociedad utópica.


¡Palabra!

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≪...Anoche planeé liquidaros, porque acotáis mi mundo, ¡porque no podéis soportar el peso de mi esencia! Vosotras, con vuestras reglas e impostaciones, con toda vuestra sapiencia y rancia alcurnia, apenas lográis recrear la vida. Sabed que os voy a destruir como al burdo hormiguero que sois, y nunca más os prestaré ni voz, ni oídos, ni trazos. Juro por Caín que hoy iniciaré vuestro Apocalipsis, y cuando mis labios, mi pluma, hayan vertido a la última de vosotras, enmudeceré para siempre, negándoos así, ¡infames!, la resurrección ≫. Tras esta declaración, la poetisa levantó la vista del atril, se sacó los anteojos y habló a la sala: ≪Amigos, amigas, no intentéis persuadirme, y tampoco me extrañéis..., yo no os extrañaré, malditos≫. Los invitados a la gala nos quedamos pasmados, sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando la homenajeada sacó —de quién sabe dónde— un arenero de gato en franco uso, lo dejó sobre la mesa del banquete y comenzó a realizar trazos que luego borraba de un manot…