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Mostrando entradas de 2015

Campanas de Navidad

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No eran el miedo ni la esperanza lo que le empujaba a lanzarse. Samuel se arrodilló frente a Clara para pedirle matrimonio, mientras Rodolfo y Andrés se daban el «sí quiero» en la mesa de al lado.





Impermeable

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La biotecnóloga se abotona el nuevo guardapolvo: «40% de hilo de pensamiento perdido, 60% de lluvia ácida» —susurra complacida—, y entra en el laboratorio. El éxito ha sido flagrante: los «diablejos» no han vuelto a quemarle las neuronas; hoy mismo venderá la patente al Ministerio de Educación.

Book trailer de "Pelusillas en el ombligo"

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¡EXTRA! ¡EXTRA!



La editorial LASTURA, una servidora y su compinche se complacen en presentarles: Bajo este título —grácil y audazmente prologado por la escritora Laura Frost— les ofrecemos una gran variedad de pelusillas y pelusones de todos los tamaños y sabores que harán las delicias de cualquier ombligo, desde el más purista hasta el más bohemio, ya que disponemos de una extensa gama de microrrelatos concebidos para el chico y la chica; el resabiado y el idealista; el romántico y el calavera; el supersticioso, el petulante, el alunado, el estoico, el bisoño, el comediante, el escéptico…

Independiente

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¡De una vez por todas iban a dirimir el conflicto! Acordaron reunirse en la «Sala de los espejos» para evitar orejas mironas, y se la jugaron a piedra, papel o tijeras. El reto quedó en tablas por el dichoso vicio que ambos compartían de quedarse prendidos en su propio reflejo. Al final, mi madre ha mandado a "los chicos" de viaje, a ver si así, se les aclaran las ideas.

Halloblogween 2015

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«…El proceso era muy artesanal: drogar, mutilar, voltear la epidermis, sembrar, zurcir y mantener en reposo. Para cuando quisieron descubrirlo, él ya había concluido su obra. Los acontecimientos posteriores se precipitaron de forma tan descarnada que fue inútil la intervención militar; el joven y emprendedor taxidermista disponía de su propio escuadrón de la muerte: noventa y nueve zombis prestos a inocular un cóctel de hongos parasitarios que transformaría el mundo en un lugar más acogedor…» —Sin contar con la opípara reserva de cerebelos y criadillas para mí solito —se dijo mordisqueando el bolígrafo.



Brotes verdes

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«¡El clan que cosecha unido tendrá su nido!», les exhortó el padre mientras hurgaban en las entrañas de los vertederos urbanos. Con lo que les pagó la chatarrera, compraron el traje de neopreno para el debut de la benjamina.

Poema del Amor Hermoso

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Este es el conjuro que vertí, a medio gemir, en su oído mudo, con la esperanza de que ella volviera a la vida. Siempre creí que la magia debía consignarse en libros de pergamino y tapas de encina, para que la brujería no se desbocara en un rebuzno; domesticar semejante decretazo en un papel tan basto como el de estraza significaba que, o bien tenía un origen sobrehumano, o era heredero de una mentira cochina. Como sea que ella abrió los ojos, deduje que se trataba de un hechizo fetén. Salí al pasillo para anunciar el milagro y acudieron dos enfermeros —‘el Requinto’ y ‘el Cabezabuque’—, me levantaron en volandas y, desde el aire escorado, vi el mundo galopar bajo mis pies. Al principio imaginé que tenían prisa por llevarme ante el comité de sabios, luego comprendí que estaban tomando impulso para acertar el tiro: atravesé limpiamente el vano de aquella puerta para aterrizar en una mullida habitación blanca. En cuanto el facultativo apareció, le conté lo sucedido, él se ajustó las antipa…

Ella

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Era mujer, no sabía si por el sentir innato o por sus quehaceres cotidianos. Era ella; la que volaba sobre unas bailarinas traicioneras desde el trabajo hasta la sirena escolar bajo el peso desarmado del paraguas. Era esa: la criada, la enfermera, el ama seca; la puta que día sí, día también debía entregar a Paco su cuerpo y su sal mientras la hija que nunca podría concebir sollozaba en el cuarto contiguo, aferrada a sus princesas. »En el asesinato de Michelle F.L, la justicia desestimó el agravante de violencia de género porque, en su DNI, la víctima figuraba como Michel F.L., varón.

El paseo lunar de Peka

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Una vez existió un nevus llamado Peka, del color de los nísperos y no más grande que una semilla de perejil. Vivía sobre la nariz de Timoteo, un muchachote de dieciséis años que pasaba más tiempo en la montaña que en la granja.
Al nacimiento de Peka la siguieron sus hermanas Taca, Chusca y Chic.
A Peka le encantaba su casa por la espectacular vista panorámica —de todos es sabido que una nariz pegada a una cabeza giratoria es la atalaya perfecta; de ahí, el dichopopular:
«Meter las narices en todas partes»
Una mañana, Peka despertó sintiéndose un poco rara. No estaba enferma, de eso estaba segura porque Timoteo la embadurnaba a diario con un superprotector solar. Sin embargo, sentía tal picazón que no pudo reprimir un bailoteo sobre la nariz.
—¿Se puede saber qué te pasa?— bostezó Taca. —Tal vez necesite ir al baño —se desperezó Chusca—. Los pellejosbailan así cuando necesitan desaguar. —Chusca, eres una peca de lo más vulgar —protestó Chic. —Merci beaucoup—canturreó la pícara peca—. Al co…

Cracker

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INTRODUCCIÓN Me arranqué el corazón por voluntad propia. Sucedió cuando rebosó el vaso, cuando ya no pude soportar ni mi hipocresía ni el cinismo patibulario del mundo; entonces lo hice: «¡cuaj!» —así sonó el maldito idiota cuando lo extirpé de mi pecho— y lo tiré al suelo, porque ya no me importaba el civismo ni la ecología. Entonces la «libertad» cobró un nuevo significado, dejó de ser esa idealista gilipuertas que se muere en cuanto tropieza con la «libertad de los demás»; ahora es una salvaje avasalladora que me da carta blanca… I TESTIMONIO DE DON LIANTE DE VIAMUERTA, ABOGADO «Tic, tac, tric, trac». Primero comenzó a «oír raro», luego pasó lo del baño de señoras, por último, metió la mano en la caja de caudales y se guardó el fajo de billetes en los calzoncillos —detrás, para que no se notara el falso bulto—. No era él mismo, estaba cambiado. Repasó conmigo lo que había hecho durante las semanas anteriores y, a parte de contratar a Jaid, no había nada de particular. Todo esto me lo c…